Se veía venir
Era cuestión de días. El drama ceutí manoseado como pueril tentación bronquista. Sin verja para la diatriba política, ya toma cuerpo la descalificación primaria con alevosía y precipitación. Un gobierno desbordado, un presidente en diferido, unos ministros contradiciéndose, una improvisación irritante durante tres semanas, una oposición rastreando hasta la última brizna de miseria, y toda una Unión Europea silbando en dirección contraria. Al otro lado del espejo, una crisis humanitaria, una convivencia tensionada, un conflicto irresoluble, una ciudadanía indignada ante su abandono, los primeros conflictos judiciales. Un caos frente a los atentos ojos del mundo.
Ceuta huele a desventura. En los harapos de quienes ansían abandonar, solos o por intencionado desarraigo familiar, una infancia paupérrima. En esa juventud internauta obsesionada por atrapar otra realidad que les aleje, al precio que fuera, de la miseria y la desilusión. Y también se palpa entre quienes deambulan confabulados con el mal ajeno entre playas, escondites o recoveco lejos del control sanitario y, mucho menos, del policial al que vacilan. Un explosivo contexto........
