Oídos sordos
Que sigan ladrando. En La Moncloa, tan retadora expresión es mucho más que una evasiva tópica. Supone toda una estrategia. Aislarse del ruido desestabilizador, de esa insufrible maraña judicial, de esa agobiante presión mediática, de esas envenenadas peticiones parlamentarias en favor de una cuestión de confianza o de unas elecciones. Oídos sordos como única respuesta, ZP aparte. Encapsulado en su propia realidad, y bajo un victimismo que nunca dejará de explotar, así lo ha decidido un orgulloso Pedro Sánchez en el obstinado desafío que se plantea contra su debilidad parlamentaria. De hecho, hasta se ríe irónicamente y aplaude junto a sus acólitos mientras escucha los cánticos de “dimisión, dimisión” en un Congreso que acoge una inédita nueva mayoría después de tres años.
Sánchez no se arredrará ante tanta adversidad acumulada. La cualidad propia de un junco político. Con las agallas suficientes para surfear el vendaval plagado de pedrisco. Quizá más por una cuestión de soberbia que por una obligada responsabilidad. Una obstinada apuesta por consumir malamente esta legislatura que malvive tan solo por inercia en medio del tedio, la ineficacia y........
