Pausa
La política navarra anda desangelada, como si nadie diera mucho más de sí, sin revulsivos para 2027. La política foral parece topada, falta de reprís, presa de sus limitaciones y del contexto. Así, medio mustia, se mueve más por temores que por arrolladoras ilusiones. El tablero puede variar, por supuesto, pero no pinta proclive al vuelco. Son once años de gobiernos progresistas, siete de los cuales presididos por Chivite, largos para UPN, pero eso tampoco es novedad. Nadie está ahora mismo en disposición de ofrecer novedades de calado fuera de lo imaginable, de ahí que el interés decaiga, por esa dinámica consabida, como de de serie B. Los partidos parecen cómodas en su inercia, renuentes a los efectos del paso del tiempo, en el Gobierno y en la oposición. Todo resulta tan previsible que se puede deletrear a ojos cerrados. Todo empieza a sonar rutinario y........
