La empresa familiar también puede ser su casa
Hoy, 12 de agosto, Día Internacional de la Juventud, me apetecía mirar un poco hacia atrás, unos cuarenta años. No parece tanto tiempo y, sin embargo, cuando pensamos en cómo han cambiado las inquietudes de los jóvenes, parece que hablamos de otro mundo.
Los jóvenes de los años ochenta o noventa querían, como todos, construir una vida. Encontrar un trabajo, independizarse, formar una familia, tener una casa. Existía una idea de futuro bastante más lineal: estudiar, trabajar, formar una familia y conseguir que tus hijos vivieran un poco mejor que tú.
Hoy el camino es mucho menos previsible pero no por eso menos atractivo y motivador. Los jóvenes que ahora tienen veinte o treinta años han crecido rodeados de cambios que no eligieron. La crisis de 2008, una pandemia que les robó años importantes, escenarios continuos de tensión geopolítica, inflación, una vivienda cada vez más difícil de alcanzar, acompañados de incertidumbres a alta velocidad.
Han estudiado, se han formado, han salido fuera, hablan idiomas y tienen más posibilidades que nunca de elegir qué hacer con su vida. Pero, al mismo tiempo, muchos sienten que, aunque hagan todo lo que se esperaba de ellos, no tienen garantizado aquello que generaciones anteriores daban casi por supuesto: poder independizarse, construir una familia o imaginar con cierta tranquilidad dónde estarán dentro de diez años.
Y eso hace que sus preguntas hayan cambiado. Ya no solo quieren saber cuánto van a ganar. Quieren saber para qué trabajan. Quieren aprender, pero también sentirse parte de algo.........
