Atender a la infancia: un imperativo ético que no admite disculpas
El ser humano ha estado migrando desde el principio de los tiempos. Es un fenómeno tan extendido que no hay una familia que no incluya a varios desplazados en su seno; lo raro es que todos sus miembros “sean de aquí”. La migración puede ser más o menos masiva, pero siempre hay alguna en marcha en el planeta. Los motivos de las migraciones masivas se suelen asociar a conflictos, siempre relacionados con desequilibrios sociales y de poder, bien dentro del lugar de origen o en relación al país de destino. Y mientras haya desequilibrios habrá fenómenos de migración y será más intensa y apremiante cuanto mayor sean estos. Toda la inmigración se hace en pos de una vida mejor.
Estos días estamos conmocionados por la tragedia de los acontecimientos vividos en Ceuta, con el desbordamiento del paso fronterizo de unas 70.000 personas, entre ellas 2.100 menores. En el proceso fallecieron más de 80 personas, la mayoría ahogadas al intentar llegar a nado, muchas de ellas menores. Una catástrofe humanitaria que interpela a una reflexión profunda, más allá de cómo pudieron organizarse para asaltar la frontera.
Recordemos cómo acotaba el fenómeno migratorio el papa León XIV, en su reciente visita a España, que en referencia a los menores migrantes no acompañados decía que son “los más vulnerables dentro de los flujos migratorios, con rostros concretos e historias únicas, que apelan a nuestra conciencia” y sobre los que “no podemos permanecer indiferentes, ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento”. No obstante, la comprensión y la compasión no es la actitud........
