El peso de los intereses
Hay apenas 33 kilómetros de mar entre Irán y Omán. Tan solo 33 kilómetros de agua de los que depende buena parte de la economía mundial. Por el estrecho de Ormuz transita alrededor del 20 % del petróleo que se comercializa en el planeta. Basta una amenaza de cierre, un ataque o un movimiento militar para que los mercados se disparen y el precio de la energía vuelva a subir.
Por eso, lo que ocurre en Oriente Próximo nunca se queda en Oriente Próximo. Sus consecuencias llegan a nuestras casas, a nuestras empresas, a nuestros empleos y a nuestros bolsillos. Es el reflejo de un mundo en el que la fuerza amenaza con imponerse al derecho.
Bombas, drones, sanciones, bloqueos, represalias. El lenguaje de la guerra se ha instalado en nuestro vocabulario con una inquietante normalidad. Hemos aprendido a convivir con titulares sobre conflictos armados como si formaran parte del paisaje cotidiano. Ucrania, Gaza, Sudán o Irán son escenarios distintos, con causas y responsabilidades diferentes, pero todos comparten una misma realidad: la población civil acaba pagando las consecuencias de decisiones tomadas muy de quienes terminan sufriéndolas.
Y esa es, precisamente, la constante que atraviesa muchos de estos conflictos: el peso de los intereses geopolíticos.
La actual guerra entre Estados Unidos e Irán es mucho más que un intercambio de ataques.........
