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Financiar la Educación. Construir infraestructuras generadoras del talento del mañana

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17.05.2026

Si existe una determinada área de intervención global (pública, privada o de iniciativa social) que, en cualquier lugar del mundo, concita un acuerdo, en principio no cuestionable, es la Educación.

Dicho así parecería que todo euro destinado a ella, desde cualquier fuente, no solamente es prioritario, sino que ha de ser, esencialmente, positivo y generador de un impacto transformador y garante del futuro. La realidad es muy diferente. Ni todo euro destinado a toda iniciativa, sistema o programa educativo supone inversión en la línea correcta de futuro, ni toda ella es garante de un uso adecuado y necesario, ni toda dotación para ella evita un gasto ineficiente, alejado de los objetivos perseguidos, suficiente para satisfacer las demandas y necesidades de cada tiempo. En cada lugar, ni su empleo es siempre el requerido por quien lo aporta, ni por quien lo recibe, o por quien ha de utilizarlo correctamente. Sí, adicionalmente, constatamos un enorme gap entre los fondos demandables, las cantidades necesarias y los recursos asignados finalmente ejecutables, más allá de los presupuestos originales, asistimos a un más que relevante disenso cuestionando la realidad frente a lo deseable.

Esta semana (como pasa en cualquier otra) proliferan foros de debate especializados, publicaciones, informes de todo color o signo y en cualquier lugar a lo largo del mundo, destacando, entre otros muchos aspectos fundamentales, unas ciertas líneas que parecerían presentes y sujetas a revisión y cuestionamiento en la práctica totalidad de sistemas educativos y diferentes líneas de financiación de los mismos, el rol de los beneficiarios o receptores de la educación prevista, y, por supuesto, la irrupción no ya de la atención sobre grados de reforma, mejora o reinvención de los sistemas existentes, sino de aquella “nueva educación” que habría de demandar un futuro incierto, cuyas primeras señales (ya entre nosotros) advierten y para las que se supone no estamos preparados.

Ni quienes se supondría hemos superado ciclos educativos dados por inicialmente completos en su momento y/o vitales según clasificaciones etarias con supuestas limitadas capacidades transformadoras, ni, sobre todo, tanto quienes hoy conforman los sistemas educativos formales (y, se supone que de atención obligatoria) y nuevas generaciones que vivirán un mundo diferente al presente (que habrán de repensar, rediseñar, conseguir y disfrutar), y todos aquellos que aún no han iniciado los ciclos “tradicionales”, a todas luces, necesitados de su........

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