Todos saben nada
Nunca hubo tanta gente opinando y nunca costó tan poco hacerlo. Un teléfono, una conexión y ya está: historiadores improvisados, politicólogos de sobremesa, analistas geopolíticos que hasta hace un lustro confundían Ucrania con Uzbekistán y gurús financieros formados entre anuncios de freidoras de aire.
Las redes sociales han convertido la ignorancia en un espectáculo participativo. No hace falta saber. Basta con parecer convencido y que se te entienda rápido. El viejo miedo a hacer el ridículo emigró porque el ridículo genera tráfico. Y el tráfico genera visibilidad. Y la visibilidad se confunde con legitimidad.
La cultura de la consigna ha sustituido a la cultura del argumento. Frases cortas, simplificaciones brutales, vídeos........
