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Rusia

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04.02.2026

Trump nos come todos los titulares. Pero no conviene olvidar ni a Rusia, ni a Putin.

Rusia fue un imperio, a principios del siglo XX mutó hacia el comunismo, y ahora tiene un gobernante ultraderechista. Siempre ha sido una dictadura, del pueblo (supuestamente) o autocrática sin tapujos.

Stalin fue el “vozhd”, que en ruso es el líder supremo, “caudillo” en castellano o “duce” en italiano o “führer” en alemán. Se referían así a Stalin como líder infalible del pueblo soviético y de todo el proletariado mundial. Pero desde los años 30, hay purgas, detenciones arbitrarias y campos de trabajo. En 1953, el gulag llegó a tener a 2.500.000 reclusos. La sociedad era estrechamente vigilada, al más puro estilo orwelliano. Si alguien se oponía, aunque fuera por la izquierda, se le mataba, con un piolet en el cráneo si fuera preciso, como a Trotsky. El 5 de marzo de 1953, el vozhd muere. El culto a la personalidad de Stalin está entonces en su apogeo.

Stalin murió, pero Rusia aún no ha terminado con la memoria de Stalin, ni siquiera hoy. Su cuerpo embalsamado va inicialmente al mausoleo de Lenin. En su dintel se añade el nombre de Stalin al de Lenin. Se iba a quedar allí para siempre, pero no.

Tras su muerte, se habla de culto a la personalidad, de abuso de poder. Empieza la “desestalinización”. El PCUS reescribirá el capítulo sobre Stalin, pero ha de hacerlo garantizando la solidez del régimen, evitando que se tambalee. Paradójicamente –o no tanto– Lavrenti Bera, al que Stalin se refería como “nuestro Himmler”, que dirige el gulag y la policía política, es el más decidido a acabar con el estalinismo. Se es consciente de que continuar como antes es imposible. Comienza el deshielo. El deshielo anuncia una nueva estación, en la que el hielo se derrite y los cadáveres que esperan bajo el hielo salen a la superficie.

Beria va muy rápido........

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