A rueda: "La llamada", por Miguel Usabiaga
Se agradecen etapas como la de ayer, con sabor a ciclismo clásico, con una larga escapada, lucha sin cuartel, y donde se mantiene la emoción de la incertidumbre hasta la meta. Lo agradece el aficionado como yo, y estoy seguro de que lo agradecen aún más la mayoría de los corredores que disputan el Tour, porque no gana el de siempre, y eso les insufla una buena inyección de moral, o por lo menos atenúa y sacude su desesperanza ante Pogacar. A veces este aspecto es decisivo, lo digo muchas veces, el aspecto psicológico determina tanto la resistencia ante un ataque como la condición física, o los vatios, como se mide ésta ahora. Porque entre los grandes campeones no existe tanta diferencia en los datos de potencia, o en la capacidad de consumo de oxígeno. Pero Pogacar les mina la moral, como hizo anteayer venciendo, o en Barcelona, permitiendo claramente que ganara Del Toro. Por eso es bueno el cambio de líder, y que el maillot amarillo pase al noruego Torsten Traen, con una diferencia muy amplia, más de siete minutos. Eso va a permitir una cierta calma para Vingegaard, Evenepoel, liberándoles de vivir cada etapa en el estrés que supone el ataque permanente de Pogacar, en el que tan bien se desenvuelve el esloveno, instalando de esa manera agresiva las dudas siempre en sus adversarios.
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