Mercurio en el pescado, por José Manuel Etxaniz
Como todos los veranos, los expertos nos dan la matraca con el mercurio y los túnidos, entre ellos el bonito (Tunnus alalunga) o hegaluze, de gran consumo estacional por nuestros lares. Nos lo recordaba en la comida de los miércoles un amigo que reside a orillas del Mediterráneo, influenciado por los comentarios de su hija, experta en Derecho Civil. Qué tendrán qué ver el Corpus Iuris Civilis de Justiniano y el marmitako o el bonito encebollado o con tomate y pimientos verdes.
Es el único metal líquido a temperatura ambiente. Se libera al medio a través de procesos propios de la actividad volcánica y la posterior erosión de las rocas por la acción del agua y el viento y, sobre todo, por numerosas actividades industriales, para finalizar, siempre, en el agua de los ríos que, como nuestras vidas, van a parar a la mar (Jorge Manrique. Siglo XV).
Es la forma más tóxica que adopta el mercurio al contactar con el agua por la acción de unas bacterias anaerobias. Es diferente del mercurio elemental, el que se encuentra en los termómetros, en algunos empastes dentales y en la denostada mercromina y del etilmercurio (sin m), sutileza que va más allá de lo ortográfico y que pasa desapercibida a los antivacunas, que no se acumula en el organismo y que se usaba en algunas vacunas como conservante (tiomersal).
Los peces lo ingieren por la contaminación del agua, especialmente del Mediterráneo, esa cloaca con una abertura muy estrecha que dificulta la renovación del agua y que........
