"Relojes donostiarras", por José Manuel Etxaniz
Cambio de registro. En esta ocasión, para celebrar la llegada del verano, abandonamos la temática habitual de estas homilías dominicales y, en lugar de referirnos a virus y bacterias, especies invasoras o nuevas patologías, recordaremos algunas anécdotas donostiarras al hilo de un documento elaborado con la ayuda de la IA, sobre el Reloj del Bule, que me facilitaba un amigo por WhatsApp.
El reloj del Boulevard
Punto de cita obligada –meeting point– para generaciones de donostiarras cuando tocaba alternar por la Parte Vieja. Antes de que los fondos de inversión revolucionaran la gestión de la mayoría de los bares y comenzara la fiebre de los pintxos –entonces eran banderillas– elaborados en serie por empresas especializadas. Antes de que algún influmierde de ignotos criterios gastronómicos alabara la tortilla o la tarta de queso de algunos establecimientos para que los guiris atontados por las redes, que no temen al ridículo, desafiando las inclemencias del tiempo, hicieran cola en la calle para degustarlas, provocando la sonrisa de los nativos. Antes de que gentrificaran el barrio y expulsaran a los nativos, gentes sencillas que hacían su vida cotidiana en unos establecimientos transformados ahora en tiendas para foráneos. Antes de que la cirrosis pasaportara a los grandes viñedos celestiales a las cuadrillas de txikiteros –al mediodía blanco y a la noche tinto, peleones ambos–. Antes de que nuestros eusko-fatxas, heroicos luchadores por la libertad, no los........
