La lección de Ormuz
Partiendo de la idea de que las guerras siempre generan consecuencias negativas de toda índole, no solo de manera directa sobre los actores implicados, sino también de forma indirecta en terceros, del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, que ha supuesto el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde pasaba hasta el pasado 28 de febrero, el 20% del petróleo mundial, también se puede extraer lecciones positivas para aplicar de cara al futuro. En todas las crisis siempre surgen oportunidades.
Cuando estamos en vísperas de cumplir un año del gran apagón eléctrico del 28 de abril de 2025, cuyo origen, en un principio, se situó en las energías renovables, -aunque la Red Europea de Gestores de Redes de Transportes de Electricidad acaba de afirmar en un informe que el fundido en negro se debió a una tormenta perfecta de fallos técnicos y una toma lenta de decisiones-, curiosamente, la guerra de Irán ha puesto de relieve la gran importancia de contar con estas fuentes energéticas alternativas a las fósiles.
El peso que tienen las energías eólica, solar e hidráulica en el sistema eléctrico estatal es de tal importancia que, en un momento de crisis mundial como la que estamos viviendo, la no dependencia de manera casi exclusiva del petróleo y gas, provoca no solo la no supeditación a una circunstancia negativa sobrevenida como consecuencia de la escasez de las materias primas y, en consecuencia, del alza de los precios, sino también una electricidad más barata, precisamente, por contar con fuentes de energías propias.
Las energías renovables suponen el 60% de todas las fuentes energéticas que componen el mix eléctrico estatal, una proporción que hace que el precio de la luz sea un 20% más barata. Esta circunstancia provocó que, por ejemplo, hace tres días, el precio del kilovatio/hora fuera en el Estado de 5,02 euros, mientras que en Francia era de........
