Fajardo debe ser coherente o no tiene sentido…
Sergio Fajardo publicó un decálogo de diez condiciones para orientar a su millón de electores, declaró que no estaba negociando con nadie, dijo que los votos no son de los dirigentes sino de cada ciudadano, y luego guardó el silencio más ruidoso de esta campaña. Un silencio que, paradójicamente, dice más sobre sus dilemas personales que cualquier declaración pública.
La actitud de Fajardo es una mezcla de fascinación y exasperación frente a la segunda vuelta porque tiene un problema que él mismo creó: toda su vida política ha sido construida sobre un principio que se repite hasta el cansancio: la ética por encima de todo, la transparencia como condición de la política, la coherencia entre el discurso y la conducta. Y ahora, ante la disyuntiva entre Iván Cepeda y Abelardo De La Espriella, ese principio lo conduce inevitablemente hacia una sola dirección. Aunque le incomode. Aunque le cueste. Aunque prefiera el silencio o el voto en blanco como refugio cómodo.
Siendo directo: las hojas de vida morales, éticas y........
