El fin de la alcancía legislativa
Es una afrenta directa a la dignidad del pueblo colombiano que, durante décadas, la política se haya transformado en el negocio más lucrativo del país. Mientras el ciudadano de a pie lucha por estirar un salario mínimo que apenas cubre la canasta básica, los pasillos del Congreso se han convertido en pasarelas de una aristocracia moderna. Ser legislador no debería ser un camino rápido hacia la riqueza, sino un servicio de sacrificio. Resulta indignante ver cómo se perpetúan en sus cargos, no por amor a la patria, sino por una estructura de privilegios, preventas y comisiones oscuras bajo la mesa que favorecen a contratistas amigos.
Produce un profundo asco democrático recordar cómo se blindaron sus bolsillos. Desde la consolidación del esquema salarial en la Ley 4ª de 1992, los congresistas se acostumbraron a una burbuja de opulencia ajena a la realidad nacional. No contentos con sus dietas, se sumergieron en una red de beneficios donde la gestión de contratos se convirtió en........
