El networking no cabe en un algoritmo
Nunca habíamos tenido tantos contactos profesionales como tenemos hoy en día y, sin embargo, nunca había resultado tan difícil construir una relación de verdad, auténtica, aunque sea en el plano profesional. Lo que ocurre es que podemos localizar a cualquier persona en LinkedIn, asistir a una reunión desde cualquier lugar del mundo, intercambiar mensajes con potenciales clientes o participar en comunidades digitales formadas por miles de profesionales. Es cierto, que la tecnología ha eliminado muchas barreras y ha multiplicado nuestra capacidad para hacernos visibles, eso no se puede negar. Pero, en mi opinión, visibilidad y relación no son exactamente lo mismo. Porque podemos conseguir un contacto en unos segundos, pero la confianza, en cambio, sigue necesitando tiempo.
Durante los últimos años hemos trasladado una parte enorme de nuestra vida profesional a las pantallas. Presentamos proyectos por videollamada, enviamos propuestas sin haber conocido personalmente al destinatario y participamos en encuentros virtuales en los que, muchas veces, ni siquiera llegamos a encender la cámara. El modelo es eficaz, cómodo y permite trabajar con una libertad que hace una década habría parecido impensable. Solo tiene un problema, confundimos esa facilidad para comunicarnos con la capacidad de relacionarnos. La mayoría de las personas piensa que una agenda llena de contactos es una red profesional sólida, sin embargo, esto no suele ser así.
Las plataformas online contactan, la convivencia conecta
No creo que debamos enfrentar el networking digital con el presencial. Las herramientas digitales son extraordinarias para descubrir personas, mantener conversaciones y ampliar nuestro campo de acción. Pero las conexiones que terminan generando colaboraciones, recomendaciones o negocios suelen necesitar algo más que intercambiar........
