Oscar al ‘brillibrilli’
19 de marzo 2026 - 03:11
Lo de los Oscar de este año ha sido de aurora boreal. Y no solo por la presencia en la alfombra roja de la ministra Yolanda Díaz, principal cabeza visible (aún) de Sumar, el movimiento que pretende aglutinar a la izquierda de la izquierda española y que esa misma noche se volvió a quedar sin representación parlamentaria en unas elecciones de este país. No parece el mejor modo de traer de vuelta al desencantado votante con viajes como éste, pagados con dinero público, para apoyar al cine español vestida de diseño en el lugar y el momento cúspide del escaparatismo mundial. Y este año ha sido más que nunca un escaparate del surrealismo y la alienación imperantes en el país norteamericano.
Cuando Estados Unidos y su líder llevan al mundo de cabeza, con una guerra sin sustento legal en Oriente Medio que está causando muertes, destrucción y graves problemas económicos, con signos claros de déficit democrático interno, Hollywood se pone bótox y nos ofrece una ceremonia de brillibrilli cargada de superficialidad (más que nunca). El hecho de que la película premiada, Una batalla tras otra, retrate de manera formidable y burlona el desquiciamiento de la política y los poderes fácticos del país no se vio secundado el día de la ceremonia por alusiones directas a los conflictos actuales externos o internos, ni siquiera por el propio director de la obra galardonada, que pasó muy de puntillas por la cuestión política.
En España es ya un clásico el debate sobre si la entrega de los Goya ha de servir de plataforma para mensajes políticos, en especial desde aquel No a la guerra colectivo de 2003. Y opino que llevan razón las actrices que se han quejado de que llevar la chapa en el pecho el día de su lucimiento casi se ha convertido en una imposición. Si un premiado prefiere dedicar su minuto de gloria a pedir la paz o viviendas sociales en lugar de mencionar a la familia es estupendo, pero no debería ser obligado y a veces, reconozcámoslo, ha llegado a ser muy cansino.
Pero todo depende del contexto. En este momento crucial y en el propio país promotor del conflicto bélico que afecta a medio mundo es cuando la ausencia de referencias y de voces críticas en los discursos se siente en otros puntos del planeta como un signo de decadencia moral. O de miedo, lo que es mucho más aterrador.
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