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Habermas

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16.03.2026

16 de marzo 2026 - 03:09

Hay escritores que cuesta encajarlos en una disciplina, ya que no quieren ser especialistas sino elegir, cada vez, el mejor sitio para responder a las preguntas planteadas. Por eso, en unas ocasiones ejercen de sociólogos, otras de filósofos o antropólogos. Les importa garantizar la respuesta, no la asignatura utilizada. Habermas, muerto este pasado sábado, fue el mejor ejemplo de este tipo de intelectual europeo. Por eso, estas dos últimas son las palabras más acertadas para cualificarlo pues captó, tras finalizar la guerra, en 1945, cuáles eran los grandes problemas que asediaban una paz políticamente muy inestable. Y rechazó seguir a la sombra filosófica de Heidegger –como hicieron tantos otros– para seguir los pasos de la teoría sociológica de Escuela de Fráncfort. Esta misma tendencia a no dejarse encerrar en el ensimismamiento alemán, le llevó a buscar apoyo en la filosofía analítica inglesa. Y estuvo igualmente muy atento a las opciones surgidas en Francia en los movimientos de mayo del 68. Buscó, por tanto, con ahínco, conocer, con exigente criterio, las controversias circulantes para reconvertirlas en nuevas de propuestas. Por esto, por esta abertura tan permeable, conviene insistir en su singular papel como intelectual europeo. Quiso y supo fundir sus viejas raíces con lo que brindaba el nuevo pensamiento surgido en otros países. Por todo esto, en su rica producción, sólida y bien trabada, se funde el filósofo y el sociólogo, el alemán, el europeo y el cosmopolita. Supo también crear una teoría a partir de la cual la comunicación, en todas sus facetas, se convertía en el apoyo indispensable para el buen funcionamiento de la democracia. Por eso, además, en estos momentos, en los que despierta gran desconfianza en los ciudadanos, el uso y abuso de las instituciones políticas, por parte de los propios políticos, sería muy oportuno recordar sus propuestas para ampliar y dignificar nuevos espacios abiertos para la discusión. Según Habermas, la opinión pública debe tener sus propios medios y canales, protegidos, de difusión. Y el principal de ellos lo encarna una prensa independiente. El mismo Habermas recurrió, a lo largo de su vida, siempre a los periódicos para dar cuenta de sus ideas y reflexiones. Por fortuna, la mayoría de sus libros están traducidos.

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