Alegría húngara
18 de abril 2026 - 03:09
En estos tiempos de políticos atroces y de políticas terribles surgió una alegría y una esperanza: El fin del ‘reinado’ de Viktor Orbán en Hungría. Un golpe importante para uno de los líderes de esa derecha radical que durante dieciséis años había convertido su país en una democracia iliberal y, en la actualidad, era el socio europeo favorito de Trump y Putin y el Mr. Niet de casi todo para la UE, además de un referente de la extrema derecha europea.
Timothy Garton Ash que fue testigo de las elecciones del domingo pasado nos cuenta con su talento característico esos momentos de cambio histórico: ‘Estar en Budapest el domingo pasado por la noche fue volver a ver cómo se hace historia junto al Danubio. Mientras las muchedumbres entusiastas se congregaban a la orilla del río frente al edificio del Parlamento iluminado y coreaban “¡Ria-ria Hungaria!” y “¡Hungría, Europa!”, todos eramos conscientes de que las repercusiones de la espectacular victoria electoral del partido Tisza, de Péter Magyar, se van a notar mucho más allá de este país centroeuropeo. El resultado es muy buena noticia para Ucrania y para la Unión Europea y, en la misma medida, mala noticia para los presidentes ruso, Vladímir Putin, y estadounidense, Donald Trump, los dos principales valedores del régimen de Viktor Orbán. El mayor interrogante ahora es si Hungría puede ser el primer país del mundo que logre superar de verdad una erosión populista tan devastadora de la democracia —la orbanización que Trump está intentando emular en Estados Unidos— y si Europa tiene la voluntad política y la imaginación necesarias para que lo consiga’.
Péter Magyar tiene una amplia mayoría que, en teoría, le debería permitir restablecer la democracia -un país libre para todos los ciudadanos, restablecer los contrapesos y los controles constitucionales, mejorar las relaciones internacionales con los países vecinos y, sobre todo, apoyar sin dudas a Europa y la OTAN-. Sin embargo, en esta dinámica de autocratización emprendida por Orbán, la transición pospopulista no será sólo una cuestión de tener mayorías suficientes para emprender reformas, incluso constitucionales, desde el Parlamento sino también el vencer la resistencia de una sociedad todavía influida por el líder iliberal. No será fácil.
La cuestión es si la caída de Orbán constituye un punto de inflexión de la ultraderecha en Europa y si quizás marque un cambio de tendencia o, al menos, una disminución de su crecimiento. De momento, es una buena noticia, una alegría llena de esperanza que nos llega desde Hungría.
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