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El Estado trancapecho

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20.08.2026

El Estado tranca, que nació como una promesa para destrancar el país, empieza a convertirse en un monumental trancapecho. Se lo sirve caliente, se lo anuncia con entusiasmo y, aparentemente, viene con todos los ingredientes para destrancar el país. El problema empieza cuando el Gobierno anuncia, promete, dice, enuncia, lanza y propone. El ciudadano, que escucha y espera, engulle todo ese discurso como quien recibe una promesa de solución a corto o mediano plazo. 

Cree que aquello que se prometió podría convertirse, finalmente, en una realidad. Pero pasan los días, pasan las semanas y no pasa nada.  Y entonces aparece, como es natural, el efecto trancapecho: un atoramiento por exceso de promesas. Porque no hay garganta que aguante indefinidamente esa cantidad de anuncios sin resultados. Y es ahí donde el Estado trancapecho comienza a hacerse visible: en el estancamiento, pero también en el desprestigio, en el descreimiento y en la desacreditación de un Gobierno que anuncia mucho, promete bastante y concreta poco.

El problema es que entre el Estado tranca y el trancapecho hay una semejanza sospechosamente exacta: ambos pueden ser deliciosos en el discurso, pero si uno se los engulle demasiado rápido, existe el riesgo de quedarse sin aire y atorado. El trancapecho, como se sabe, no es plato para impacientes. Pan, arroz, papa, huevo, carne, cebolla, locoto y todo aquello que haga falta para convertir un bocado en una prueba de resistencia. 

Uno lo mira y piensa: “Qué maravilla”. Y le entra con entusiasmo, da el primer mordisco, luego el segundo, acelera porque tiene hambre y, de pronto, descubre que la felicidad y el hambre con que se zampa el mordisco también pueden atragantar. Con el Estado pasa algo parecido. Se anuncia un Estado tranca para destrancar la burocracia, acelerar los trámites, quitar vallas, eliminar obstáculos, adelgazar el Estado tranca y poner al país a correr. Pero el ciudadano ya está empezando a descubrir que una cosa es engullir promesas y otra muy distinta digerir resultados. 

Porque cuando el discurso se convierte en menú permanente y la realidad sigue servida en el mismo plato de siempre, el problema deja de ser el hambre y pasa a ser la indigestión.  Pero entremos en materia. 

La tranca del “Latin Lover” chapareño, Evo Morales Ayma. A estas alturas, su detención parece haberse convertido en una........

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