El peligroso vacío tras la abrogación
En abril del año 2000 yo era una periodista veinteañera en Cochabamba, y la ciudad ardía. La llamada “Guerra del Agua” no era solo un titular de prensa; era el gas lacrimógeno impregnado a la ropa, el vinagre en el pañuelo y el bicarbonato en el bolsillo para aguantar el ardor de ojos, más las largas jornadas entre marchas, barricadas y enfrentamientos. Aquel sábado por la mañana nos convocaron a una conferencia de prensa en el patio de la Policía Departamental, sobre la avenida Heroínas. Recuerdo el peso del chaleco, el ruido del walkie talkie y el cable del micrófono enredado en la mano, después de varios días casi sin dormir cubriendo una ciudad completamente tensionada.
La declaración fue seca y fría: se instauraba el Estado de Excepción, en cuestión de horas, todo cambió. Desde los medios nos recomendaron resguardarnos y no retornar; los militares comenzaron a silenciar emisoras y a cortar la electricidad en las zonas donde estaban las antenas. Mientras algunos........
