La erosión del “ser para los demás”
Hace poco supe de una joven que, sin padecer conflictos psicológicos aparentes, comenzó a asistir a terapia casi por inercia, como quien mata el tiempo en el cine o viendo un partido de fútbol. Una vez allí, el profesional no solo detectó supuestas patologías, sino que fomentó en ella una suerte de adicción al proceso terapéutico. Tras años de sesiones semanales y honorarios constantes, la adolescente –hoy adulta– sigue atrapada en la resolución de un problema, real o inventado, del cual no logra salir.
Esta historia es un síntoma de nuestra época y me obliga a reflexionar sobre la llamada “generación de cristal”, ese producto de una educación blanda y de condiciones materiales que parecen haber atrofiado el carácter. Al contrastarlo con la infancia de nuestros abuelos, marcada por la escasez, o la de nuestros padres, para quienes la cena en la mesa no era una opción, sino un destino, surge una diferencia fundamental.
Si bien no se debe generalizar ni mucho menos idealizar la violencia del........
