Lo que Bolivia le reclama a Rodrigo Paz
Bolivia ha llegado a un punto límite. Los bloqueos dejaron de ser una herramienta de protesta social y se convirtieron en un mecanismo de coerción política, extorsión económica y sometimiento colectivo contra millones de ciudadanos que terminan pagando sus consecuencias. El país vive paralizado por grupos radicalizados que creen tener el derecho de detener carreteras, impedir el abastecimiento de alimentos y combustibles, aislar ciudades y destruir la economía en nombre de una "lucha popular" que representa cada vez menos al pueblo boliviano y más a intereses de una élite sindical y política que se niega a aceptar que el país cambió.
La Bolivia de hoy ya no observa los bloqueos con romanticismo revolucionario. Millones de bolivianos ven carreteras tomadas por grupos que afectan a trabajadores, comerciantes, transportistas, productores, enfermos, estudiantes y familias enteras que solo quieren vivir en paz y trabajar.
El problema ya no es solamente político; es profundamente económico y moral. En un país golpeado por la escasez de dólares, el deterioro energético y la pérdida de confianza, los bloqueos funcionan como un acelerador de la crisis. Cada día de carreteras cerradas representa pérdidas millonarias, exportaciones paralizadas, alimentos encarecidos e industrias detenidas. Mientras tanto, los dirigentes que convocan al caos utilizan a las bases sociales como instrumentos de presión política.
Bolivia normalizó durante demasiado tiempo esta cultura de........
