Un último consejo a mis alumnos en tiempos de IA
Un último consejo a mis alumnos en tiempos de IA
Lo más inquietante no es solo la pérdida de empleos, apunto, sino la posible pérdida de la propia condición humana.
La IA está cambiando radicalmente el modo de escribir, el modo de leer, el modo de enseñar, el modo de aprender. Un ejemplo. Cuando el curso pasado planteé a mis alumnos hacer un ensayo de disertación, a los pocos minutos de anunciar el tema un alumno levantó la mano y leyó su escrito. Impecable formalmente y con un contenido digno. De hecho, estaba incluso demasiado bien escrito: formulación fluida, organización bien estructurada y referencias dignas de un estudiante con una cultura superior a la media para su edad. Mientras leía, sereno y preciso, la clase se mantenía en un silencio tenso, mezcla, sospecho, de admiración y cierta sorpresa. Era un buen alumno, pero en ese momento parecía que el Espíritu Santo había descendido sobre él, iluminándolo como a los apóstoles el día de Pentecostés. Cuando terminó su brillante exposición, me miró con el orgullo de quien había hecho una pequeña heroicidad, una breve pero contundente obra de arte. Naturalmente, en ese mismo momento, y ante la expectación de sus compañeros, le puse un cero.
No porque el texto fuera malo –era objetivamente bueno–, sino porque no era suyo. Había externalizado su pensamiento, había renunciado al diálogo silencioso consigo mismo del que hablaba Hannah Arendt, a ese juicio reflexivo ante lo singular que Kant exigía. Le faltaba el brillo, el riesgo, el espíritu. También los errores, la indecisión, incluso los modos de estilo que la IA típica detesta: frases largas, talante provocador, ese temblor de emoción en la vivencia que se trasluce en los textos vivos, no simulacros. En ese instante comprendí que no estábamos solo ante una herramienta más, como fue la invención de la escritura o de la imprenta, sino ante el síntoma de algo........
