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Rufián, el 'pijoaparte' de TikTok

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14.04.2026

Rufián, el 'pijoaparte' de TikTok

Este nuevo Pijoaparte es un figurante que balbucea consignas de manual. No es un aliado de la clase obrera ni el héroe del proletariado.

Si Juan Marsé hubiera tenido que imaginar la decrepitud del espíritu de los barrios en esta era de marketing de guerrilla y narcisismo de silicio, no habría necesitado inventar un personaje; le habría bastado con sentarse a observar a Gabriel Rufián, ese Pijoaparte de pantalla táctil que ha sustituido la mística de la moto robada por la del tuit con retintín. En su figura, el drama de la integración charnega no desemboca en tragedia romántica, sino en el puro esperpento de la calle del Gato, donde los espejos deformantes de la realidad han convertido al rebelde de polígono en un dandi de serie B con un pánico atroz a tener que volver a sellar el paro. Rufián es el triunfo de la vulgaridad política, un producto de diseño para consumo cutre que intenta camuflar su carencia de heráldica intelectual e ideológica bajo un traje que, por más que se ajuste a su anatomía de gimnasio y suplementación, jamás logrará ocultar el código postal del que huye desesperadamente.

Este nuevo Pijoaparte es un intruso semántico, un figurante que balbucea consignas de manual. No es un aliado de la clase obrera, a la que cita con la distancia de quien estudia una especie en extinción, ni tampoco es el héroe del proletariado. Es el superviviente de un naufragio ético y estético. Ha descubierto que, en la capital del Reino, el aire acondicionado del Congreso, las dietas por desplazamiento y las noches de amor y lujo curan todas las heridas de clase.

Rufián empieza........

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