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La mano de Dios

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03.07.2026

Pedro Sánchez le ha sorbido todo el jugo a la democracia. Apenas queda la justa para perseguirle y lo sabe. Debería ser imposible salir indemne o pensar en ganar unas elecciones generales.

Ganar con trampa puede decirse de muchas formas, pero hay una que se hizo muy famosa. La acuñó Diego Armando Maradona el 22 de junio de 1986 en los cuartos de final del Mundial que disputó contra Inglaterra.

El astro argentino que acabó como las supernovas, devorado por su propia masa y convertido en agujero negro, saltó hasta donde llegaron sus potentísimas piernas de entonces —hoy dicen tren inferior— para rematar un balón que venía rebotado, casi llovido, tras una incursión fallida de Jorge Valdano. El salto no era ni mucho menos suficiente como para superar al portero, Peter Shilton.

La historia se quedó entonces congelada, como en las eternas escenas de Oliver y Benji con el balón girando sobre un eje y un fondo de presunto movimiento. Pero todo estático, concediendo ese tiempo que a todos nos gustaría tener para pensar con calma lo que apenas sucederá en un instante. Y ya que el impulso pilló al Pelusa suspendido con las manos arriba… pues una de ellas se convirtió en un apéndice de esa cabeza que jamás habría llegado a rematar aquel balón. Y gol. Y a semifinales, y a la final. Y estrella en la pechera.

Muchos lo vieron todo en el momento, el colegiado tunecino consultó brevemente con el juez de línea, que dijo no advertir nada extraño en aquel relámpago que bajó del cielo. Ante las dudas y las evidencias, el propio futbolista explicó, poco después, el milagro: el balón entró "un poco por la cabeza de Maradona y otro........

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