La mala transición
Fue la foto del final de aquel PSOE que les legó Felipe González, y que fue el peor, antes del mucho peor de José Luis Rodríguez Zapatero, y antes de que llegara el definitivamente diabólico de Pedro Sánchez.
Llegué un poco tarde a aquel mitin y con un pequeño bloc de notas al que ya no le quedaban páginas en blanco. Me dieron un clavel rojo, una pegatina con un puñito y una banderita del PSOE con palito de plástico, como una pajita de esas que después prohibieron en la UE, en su lucha contra la alegría de las gentes. En la puerta, a la compañera que repartía el material de campaña, le expliqué que yo iba como representante del cuarto poder, que no necesitaba merchandising. Me guiñó un ojo con una complicidad muy grimosa, y me dijo: "los necesitamos a todos". Después me puso ojitos de amor desorejado como si estuviera mirando frente a frente al mismísimo Comité Federal. Adorable.
Estaba la música tan alta que me imaginé que dentro habría una gran fiesta, pero me equivoqué: había un funeral, pero un funeral aburridísimo, como si el muerto hubiera fallecido de viejo, y no en un accidente de aviación en una misión heroica en Los Alpes. En realidad, la gente charlaba de fútbol o de música, matando el tiempo, que todo el mundo quería escuchar al pez gordo y largarse, que además los teloneros no se habían preparado el discurso y, cada vez que intentaban contar un chiste, se olvidaban del final, o le daban la vuelta estropeándolo. Cada bochornoso juego de palabras era ahogado por una gran ovación que ordenaba un tipo bajito desde el foso, como en esos programas cutres de los 90 en los........
