Así es cómo los defensores de 'lo público' arrasan 'lo público'
Así es cómo los defensores de 'lo público' arrasan 'lo público'
Cristina Herrero es una de las heroínas más improbables que podamos imaginar; pero la honestidad con la que ha trabajado ha sido conmovedora.
El vídeo de la legislatura es el de la intervención de Cristina Herrero, presidenta de la Airef, en la Comisión Mixta de Seguridad Nacional del Congreso de los Diputados. Si no lo han visto, háganlo, al menos los minutos finales, en los que responde a los diputados por segunda vez. Y si alguno de está preguntando por qué la responsable de un organismo de fiscalización del gasto público está en esa Comisión y no en la de Hacienda… no tienen que pensar demasiado: el PSOE vetó la comparecencia en el foro natural y sólo una extraña alianza entre PP y Sumar lo hizo posible que, al menos, Herrero pudiera hacer balance de su mandato ante el Congreso.
Estamos ante una de las heroínas más improbables que podamos imaginar. Una funcionaria de perfil muy bajo, a la que no se le recuerdan (y ha tenido motivos) declaraciones altisonantes, y que cuando comparece ante la prensa lo hace para presentar algunos de los informes menos clickbaiteros que uno pueda imaginarse.
No sólo eso. Es que la institución que ha presidido parece destinada a ser aburrida e ignorada desde el nombre: Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal. ¿A quién le va a interesar esto? Pues no a muchos. Y menos quedarán tras descargarse sus presentaciones, que se intuyen diseñadas para que los periodistas no podamos usarlas; con esos tonos rosas-grises que dañan a la vista.
Desde mi rincón, además, siempre he mirado con un enorme escepticismo a la Airef. Con ese olorcillo tecnocrático. Y esa ingenuidad bruselense (desde allí nos llegó el encargo de crearla) en que se podría controlar a nuestro manirrotos ministros haciendo revisiones del gasto y proyecciones de estabilidad presupuestaria. Siempre pensé (y sigo pensando) que no funcionará. ¿Quieres hacer sostenibles las cuentas públicas? (1) Disciplina desde los mercados. Miren las reformas y los recortes de 2010-12, cuando el coste de financiarse apretaba; como dice mi amigo John Müller, el único reformador que ha conocido España en los últimos 30 años ha sido la prima de riesgo. Y (2) Que el contribuyente sienta el dolor. Más gastos en manos en las administraciones más cercanas al ciudadano, posibilidad de que esas administraciones quiebren (y que quiebren de veras)…
Está claro que yo no soy de los que confía demasiado en la política ni en el Estado. Pero si lo fuera, querría que todos los servidores públicos fueran como Herrero. La honestidad y constancia con la que ha desarrollado su trabajo ha sido conmovedora. Con ese punto fatalista de sheriff del lejano Oeste al que nos acostumbramos a ver en las películas: alguien que sabía que no le iban a hacer caso, que probablemente sus informes no servían para demasiado, que incluso podía estar poniendo en riesgo alternativas profesionales más interesantes al terminar su mandato… Y aún así, siguió haciendo su trabajo. No la conozco (más allá de alguna rueda de prensa hace 8-10 años, cuando todavía no era la responsable máxima de la institución) y no tengo ni idea de si es de izquierdas, derecha o mediopensionista. Pero ver cómo se han desempeñado ella y su equipo ha sido emocionante. La emoción de las cosas aburridas, de un informe sobre gasto en pensiones.
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Por eso, lo más curioso de estos días está en quiénes están reivindicando a Herrero y quiénes la persiguen.
Digo "quiénes la persiguen" y recuerdo especialmente lo que vivimos en España en aquellos años 2012-2018 presanchistas. Tras la crisis, el país estaba en ruinas. El PP de Rajoy tampoco parecía el mejor candidato posible para sacarnos de aquello (hizo lo mínimo). Y se fue gestando un movimiento de tecnocratismo ilustrado socioliberal más o menos interesante. De ahí salió Ciudadanos. Pero no sólo. Fueron los días de las mejores propuestas de Fedea, de webs como Politikon o Piedras de Papel, de efervescencia reformadora en Twitter…
Como es lógico, a mí me gustaban algunos más que otros. Pero había un perfil que siempre me generó especial curiosidad: el socialdemócrata nórdico aspiracional (SNA). Era el típico comentarista que, cada vez que había una noticia llamativa, señalaba en las redes sociales la distancia que había entre esos países avanzados en los que el Estado funcionaba realmente y el cutrerío cañí. Daba igual el tema: a veces era un ministro chusquero que nombraba a un amiguete para un alto cargo; en otras ocasiones se intuía un conflicto de intereses y un lobby rancio que presionaba para conseguir una norma; y también podía ser simplemente una noticia sobre colegios concertados en las que olisqueaban a una élite que aislaba a su prole privilegiada (y lo hacía con recursos públicos). En todos los casos, aparecía, cargado de papers y referencias, el SNA, para explicarnos cómo un mejor diseño de las instituciones serviría para que estas cosas no pasaran. Eso cuando no nos compartía las fotos de un reportaje sobre un ministro danés que tenía un despacho decorado con muebles de Ikea e iba cada día al ministerio en bicicleta.
Lo más curioso es que, apenas unos años después, muchos de ellos tuvieron la oportunidad de poner en práctica aquello que tanto defendían. El nuevo Gobierno de Pedro Sánchez (recuerden, de Pedro Duque a Nadia Calviño) los reclutó a paletadas. De forma directa (jefes de Gabinete, departamentos de Prensa, asesores en las oficinas de Moncloa) e indirecta (tertulianos en los medios amigos). Y sí, tras ocho años, ya ha quedado claro ningún Gobierno ha contribuido tanto al deterioro institucional en España como el de los SNA. Del CIS a RTVE, pasando por la compra al peso de las empresas del Ibex. De los amiguetes presidiendo Correos a los rescates con dinero público para las empresas que subvencionaron las cátedras correctas. De la amnistía al que quiso cargarse su Estado al Falcón de las convocatorias fake para justificar cualquier viaje de fin de semana.
Luego dicen de Trump y el populismo de derechas. Pero me gustaría ver a uno de esos gobiernos de la nueva derecha haciendo los destrozos que han hecho nuestros amigos socialdemócratas en nuestro país. El último, el de la Airef: con sus ataques a Herrero y el nombramiento de una sucesora con un claro perfil político (ni siquiera voy a presuponer si lo hará bien o mal; el mero hecho de que se le haya nombrado ya es un error).
Pensaba en esto el otro día cuando me encontré, también en Twitter, otra imagen que puede parecer muy alejada del tema de este artículo, pero en realidad refleja lo mismo. Se trataba de una foto de la Facultad de Políticas de la Universidad Complutense: aquello parecía un estercolero (pintadas cubriendo cada milímetro de pared, basura por el suelo, mobiliario destrozado…). Y pensé lo mismo que viendo la comparecencia de Herrero: ningún libertario, a lo Milei, se plantearía siquiera destrozar "lo público" como hacen los amigos de "lo público".
