El 11-S y el suicidio de Occidente: 25 años de una herida abierta
El 11-S y el suicidio de Occidente: 25 años de una herida abierta
No hay más que dos opciones, o combatir el terrorismo o someterse. Los ataques del 11-S cambiaron el mundo, pero el dilema al que dieron lugar, hace hoy un cuarto de siglo, es de siempre.
Era un día de septiembre, un día como hoy. Así lo recuerdan los testigos, veinticinco años después, en los actos de conmemoración que se están celebrando en los Estados Unidos, y así lo recuerdo yo también. Un día de septiembre soleado, cálido, típico del final de un verano. Alrededor de las tres de la tarde, una llamada nos hizo poner la televisión y lo vimos. Vimos cómo un avión de pasajeros se estrellaba contra una de las Torres Gemelas de Nueva York, cómo otro avión atravesaba la segunda torre, y cómo aquellos rascacielos resplandecientes, de ciento diez pisos cada uno, se derrumbaron, levantando una densa nube de humo y dejando toneladas de escombros. No era un accidente, se veía a primera vista. Era un ataque que había condenado a una horrenda muerte a miles de personas que estaban en aquel emblema de Occidente, el World Trade Center, sede de tantas empresas internacionales y lugar obligado de visita para cualquier turista en Nueva York. Supimos que un tercer avión se había estrellado contra el Pentágono y que un cuarto avión había caído cuando se dirigía hacia Washington. Tardó algo más en saberse que sus pasajeros, conscientes de la intención de sus secuestradores, se habían rebelado contra ellos para evitar otro ataque.
El recuerdo de aquel día ominoso ha cristalizado con los años y permanece en una gota de ámbar que encierra dos mundos, el que había antes y el que se fue desplegando después de los atentados terroristas más mortíferos de la historia. Porque hubo un antes y un después, y en ese corte, por ese trauma, un trauma como los que sólo provoca la cruel violencia terrorista, se........
