Cambio climático y contaminación mental
Cambio climático y contaminación mental
Frente al negacionismo bruto, ciencia. Frente al alarmismo interesado, razón. Frente a la suciedad industrial, responsabilidad.
¡Qué lata con el cambio climático! No tenemos bastante con soportar calores sofocantes, que encima hemos de padecer a políticos, tertulianos y medios dando la murga a diario con el apocalipsis, como si hubiéramos nacido para redimir la culpa de haber destruido la naturaleza y sus leyes.
Resulta ridículo suponer que una especie de pigmeos engreídos haya abortado en apenas dos siglos el clima de un diminuto planeta sometido a fuerzas descomunales en un universo inmenso, inestable e impredecible.
Que existe cambio climático es una evidencia. Es más: esa es la esencia del universo entero. La realidad de la Tierra desde que surgiera hace más de cuatro mil millones de años. Que el ser humano contamina, destruye y altera, por supuesto. Que deberíamos ser escrupulosamente cuidadosos con nuestros bosques, ríos, mares, campos y especies, también. Seríamos muy estúpidos si no cuidáramos nuestro hábitat. Pero la contaminación mental ocasionada por los gestores del cambio climático empieza a ser más dañina que la porción de responsabilidad del hombre en los ciclos climáticos de la Tierra.
Antes de que existiera una chimenea industrial, una central térmica, un automóvil o una cumbre climática con políticos viajando en aviones privados, ya había clima, catástrofes, glaciaciones, deshielos, sequías, inundaciones, extinciones y renacimientos.........
