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No somos nadie

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Copetín tras la ceremonia de entrega de las Altas Distinciones de la Generalitat Valenciana en el 9 d'Octubre / Fernando Bustamante / LEV

Cuando estamos a punto de conmemorar el segundo aniversario de la Gran Riada que a finales de este mes, pero en 2024, acabó con la vida de 233 personas, la celebración de este 9 d’Octubre ha puesto de relieve mejor que ninguna otra cosa que los estragos políticos y reputacionales que aquella tragedia produjo están lejos de superarse. En términos de crédito político y como sociedad, la DANA nos devolvió al pelotón de los apestados a donde ya habíamos caído junto con Madrid y Andalucía por asuntos de corrupción y de donde tanto había costado salir. El estruendoso vacío que hemos podido contemplar en este Día de la Comunitat Valenciana corrobora que en torno a nosotros sigue habiendo un cordón sanitario que nadie quiere traspasar, por miedo a contaminarse. Si a ello añadimos una presidencia de la Generalitat que cada vez transmite mayor nerviosismo ante la indefinición del partido que la sustenta, el PP, a la hora de señalar si su candidato será el actual jefe del Consell o buscarán otra alternativa que hoy por hoy no se vislumbra, el resultado sólo podía ser el fiasco en el año en que se celebra el 750 aniversario de la muerte de Jaime I, nada menos. He visto fiestas de Moros y Cristianos mejor organizadas.

Con Mazón todavía en la presidencia, los actos del año pasado se suspendieron precisamente por una alerta naranja (ni siquiera roja, como la que regía desde las 7 de la mañana del 29O de 2024, a la que no se hizo caso) decretada para esa jornada en València. Se preveía una enorme tensión, incluso que se produjeran graves........

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