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La gangrena

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26.04.2026

Santiago Abascal, Vox. Pedro Sánchez comparece en el Congreso de los Diputados para informar de la posición del Gobierno ante la guerra de Oriente Próximo. / José Luis Roca

Soy valenciano porque nací en Alicante. Español porque me dieron a luz en este país. Y europeo porque España está en este continente. Pero ninguna de esas circunstancias azarosas me definen como persona, ni mucho menos me impelen a establecer lazos con quien no quiero. No soy compatriota de Santiago Abascal. Soy y me siento, siguiendo al recientemente fallecido Habermas, compatriota de aquellos con quienes, sean de donde sean, comparto una serie de valores (la solidaridad y la empatía, la igualdad de oportunidades, la redistribución justa de la riqueza, la libertad, la democracia frente a cualquier tipo de autoritarismo, el espíritu crítico frente a los tecnoligarcas…) que son, por esencia, universales y radicalmente contrarios a los que pregona el líder de la extrema derecha indígena.

No entiendo, por ello, qué es la «prioridad nacional», ese eslogan que te invita a no pensar y que tanto rédito le ha dado a Marine Le Pen, la primera en atreverse a desenterrarlo de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial. Pero soy muy consciente del peligro que representa ese sintagma tramposo que la ultraderecha va a explotar ahora aquí hasta la náusea. Porque las palabras no son inocentes, sino que conforman el marco mental con el que interpretamos la realidad. «Los límites de mi lengua configuran mi mapa del mundo», dejó dicho Wittgenstein. Pero ya los Evangelios afirmaron que «en el principio fue el Verbo», la palabra. No vale, por ello, combatirlas solo apelando a la ley, alegando que lo que Abascal y los suyos quieren (recortar de forma miserable el derecho a la Sanidad o a la Educación de los no nacidos en España) no tiene cabida en las actuales normas, tanto españolas como europeas. Eso ya lo sabe Abascal, pero lo que él siembra es la gangrena, lo que hace es establecer la diferencia como alfa y omega de todo. Da igual si eso no está en la ley, porque lo que pretende es que esté en las cabezas y en las tripas. La ultraderecha no quiere ciudadanos, sino súbditos y siervos. Por eso se niega a regularizar a personas que viven y trabajan a nuestro lado: para seguir teniendo mano de obra barata y sin derechos introduciendo la falsa ilusión de que solo por eso los que sí tienen una partida de nacimiento verán resueltos sus........

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