Sam Spade entre el PPCV
Imagen de archivo de Juanfran Pérez Llorca y Alberto Núñez Feijóo. / ROBER SOLSONA / EUROPA PRESS / Europa Press
A veces es que damos risa. Mientras Pedro Sánchez anuncia elecciones generales, mientras se abre el mundo con la crisis de la vivienda y mientras Vox sube hasta la estratosfera, por aquí entramos en una especie de delirio detectivesco y nos dedicamos a jugar a los espías. Tal vez es porque nos atrapa nuestra cosmogonía ancestral, ese costumbrismo bufonesco y chocarrero, y no podemos liberarnos de la tipología que nos abruma y entusiasma: el Pensat i fet, el arròs i tartana, el desficaci, el xe que bo y un all i pebre para hacer la digestión. Uno cree firmemente que si los guionistas de los hermanos Marx levantaran la cabeza, correrían raudos hacia estas latitudes a fin de plagiar lo real y trasladarlo después a la ficción. Escribirían una obra maestra. Decía el epiléptico Dostoievski que lo real era lo fantástico. Aquí lo real es una secreción de lo fantastico con Sangonera y el tío Tonet al fondo. Hay mucho material vivo, mucha carne de comedia por aquí. (Con permiso de Pedro Sánchez, que nos envía un atracón de realidad desde Madrid, bajo un destilado de gravedad, ficticia o no, eso ya se ignora). Ahora mismo, quizás para percutir más en la idea sainetera que proyectamos hacia afuera -sin duda incrustada en nuestra consanguinidad-, basta observar las andanzas de un dosier redactado por elementos detectivescos, centrado en el presidente de la Generalitat y en el que se señalan los pasos, las fases y hasta los titulares para tumbar al inquilino del Palau. (Sabido es que el Palau tiene dueño e........
