Lo que está por detrás
Multitud de personas en la Plaza de la Virgen para visitar el manto de la Mare de Déu. / José Manuel López
Lo importante es subliminal. Circula por el subterráneo de los días, por debajo del umbral de la consciencia. “Nunca se recuerdan los porqués”, dejó escrito Alessandro Baricco en “Seda”. Y es que los porqués a menudo están por detrás.
Todo empieza antes, mucho antes. De hecho, parece vivirse o vislumbrarse el pico del iceberg pero lo importante sigue construyéndose y aparecerá en unos años o en unas décadas. El magma que dirige el mundo cuenta con su propia dirección (y decisión). Más que una decisión política puntual que se puede revertir, lo realmente importante es la filosofía de nuestra época, esa que diseñamos todos y todas en nuestro día a día y que es influenciada por grandes intereses, mayormente económicos.
Hay un momento en el que las canciones dejan de hacerte sentir porque no les dedicas el suficiente tiempo en esta era del eclecticismo. Hay un momento en el que acumulas más trabajo fuera del trabajo que dentro del trabajo. Hay un momento en el que las vacaciones son menos vacaciones. Hay un momento.
Algo quebró y se empezó a priorizar la eficiencia sobre la ética y el dinero compró la moral. Por delante del otro, yo. Ganar lo máximo pese a empobrecer a otros. Desde hace unos años, velocidad. Todo y ya. No importa que cierren los comercios de proximidad que apuestan por la calidad y el trato (además de crear puestos de trabajo en las localidades), no, aquello que importa es tener el producto más barato y en la puerta de casa.
Ante la fertilidad y la competición salvajes, los sindicatos pierden sentido. Y después, hoy, nos quejamos de estar siempre cansados, de no saber desconectar, de que determinados jefes nos imponen el trabajo incluso fuera de la jornada laboral. Nos quejamos de la polarización pero antes confiamos en el individualismo desaforado. Desautorizamos a maestros y médicos y ahora nos sorprende que algunos padres no tengan autoridad sobre sus hijos. Invadimos las calles de coches y construimos plazas donde está prohibido jugar y ahora nos sorprendemos ante niños que no quieren salir de casa enganchados a las pantallas. Algunos dijeron que todas las opiniones eran válidas e, incluso que todas tenían el mismo valor y hoy, ante la desorientación, no somos capaces de encontrar referentes intelectuales entre tanta basura.
