La frase de un misógino: “No vales para nada”
No vales para nada. Cuatro palabras que demasiadas mujeres han escuchado muchas veces, en su casa, en una relación de pareja, en el trabajo…y ahora, también en la política. Cuatro palabras que resumen siglos de desprecio hacia las mujeres y que esta semana han vuelto a pronunciarse desde un espacio de poder.
No voy a dedicar estas líneas a analizar la disputa política concreta que las provocó. Para eso están el debate, los medios, las hemerotecas y, sobre todo, los argumentos. Me centraré en otro hecho muy grave: que en pleno 2026 un hombre con una importante responsabilidad institucional considere aceptable dirigirse a una adversaria política supeditándola a dos hombres, llamándola “lameculos” y diciéndole que «no vale para nada».
Para empezar, diré que es evidente que cuando se terminan los argumentos y comienza la humillación, quizá lo que queda al descubierto no son las carencias de la mujer insultada, sino las de quien insulta. Si un dirigente político que tiene a su disposición años de gestión, decisiones, declaraciones y responsabilidades públicas de su adversaria, no encuentra mejor reproche que reducirla a su relación con otros hombres y concluir que “no vale para nada”, cabría preguntarse si, involuntariamente, no está haciendo un reconocimiento extraordinario de aquello que pretendía desacreditar.
Quizá no encuentra tanto que reprochar. Quizá resulta difícil atacar con argumentos de gestión, capacidad o integridad a una adversaria a la que se pretende descalificar. Quizá, ante la falta de munición política, queda el último recurso, el más viejo, el más fácil y el más miserable. El de recordarle que es una mujer y tratar de colocarla en el lugar en el que el patriarcado siempre quiso situarnos: debajo.
Resulta........
