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Seguir de pobres

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23.08.2026

Jornaleros segando. / L-EMV

El verano cabecea hacia no se sabe dónde. Seguro que llega el frío de repente. Como también de repente una traicionera punta de hielo abrió en canal la fuerza del Titanic: así está el cambio, la ruptura con el clima de antes, el de las lluvias que nunca llegaban a destiempo, aunque de vez en cuando levantaran ampollas de la tierra. Como los incendios cuando había cabras en el monte y los algarrobos, olivos y otros aires del secano no dejaban así como así que las llamas avanzaran por su cuenta. Eran otros tiempos. Pero esos tiempos no eran como los que nos pintaban en la escuela, como los que se silenciaban en las casas de la derrota, como los que nos envolvían en el falso celofán de una patria heroica surgida, como todas las patrias, de la violencia y el miedo.

Otros tiempos, sí. Como los que escribe Ignacio Aldecoa en sus novelas ('Con el viento solano', 'Gran Sol', 'Parte de una historia'…) y sobre todo en sus cuentos. Un verano metido hasta las cachas en esos cuentos. Como a resguardo del calorazo insoportable. Sentir en sus páginas el olor del desamparo. La soledad de un país herido. El aliento poético de una escritura como ha habido muy pocas en la historia de nuestra mejor literatura. Y eso que murió joven, a los 44 años, en 1969.

En unas pocas páginas

Esta vez salió su nombre en una cena, hace unos........

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