Seis personajes continúan en la búsqueda
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El dramaturgo es un tipo peculiar de escritor que tiene que servir a dos realidades que se debaten en su cabeza: la fantasía y el reto de la creación íntima y aquella que más tarde encontrará en el escenario los embates de la decepción que implica el mundo real. Esta tensión puede leerse a través de las copiosas indicaciones que los escritores de teatro suelen agregar en forma de acotaciones, como supuestas obligaciones para la dirección, o las quejas que suceden ante todo estreno porque aquello que estaba en la cabeza del autor no fue dicho y hecho como se imaginaba. No es gratuito que Thomas Bernhard haya ejemplificado estas cuestiones en algunas de sus ficciones breves, tomando al dramaturgo como un personaje que bien puede acabar sus días recluido en una institución mental. Tampoco es de extrañar que ante el estreno de Seis personajes en busca de autor, de Luigi Pirandello, en un teatro de Roma en 1921 el público enardecido gritara: “¡Manicomio! ¡Manicomio!”, pues nunca antes se había mostrado tan frontalmente esa extraña dicotomía en la que un personaje dramático vive y se cuestiona al interior de su creador.
Como su título lo indica, la obra aborda la sorpresiva irrupción de un grupo de personajes ligados por cierto parentesco a un ensayo teatral con el desesperado propósito de compartir su drama, pues declaran haber nacido vivos y listos para ser contados, pero no han tenido la suerte de hallar un autor que........
