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Un nuevo modo de ser mujer

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16.12.2025

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Las mujeres hemos cambiado sin duda en los últimos cuarenta años y al hacerlo hemos cambiado a la cultura, pero la cultura ha cambiado mucho menos que nosotras. La cultura ha cambiado sobre todo a nivel ideológico —la equidad entre los sexos es un ideal indiscutible ya—, pero en la vida material sigue siendo una cultura hecha por hombres para hombres.
Dicho desde otro ángulo y en corto —esto es cosa consabida: las mujeres en nuestras mentes ya no somos el sexo débil, pero en el mundo las mujeres todavía ganamos mucho menos dinero, tenemos mucho menos Poder y en el terreno de las Leyes pertenecemos a esas minorías en lucha porque se les reconozcan sus necesidades peculiares, a pesar de que somos no una minoría sino una mayoría, amén de ser las madres, las hermanas, las amantes y las hijas de todos y todas. Es decir: las mujeres somos una minoría en todo aspecto menos en el numérico.
     Somos personajes de un melodrama de desdichada tesitura: soñamos el triunfo durante toda la obra pero durante toda la obra el escenario nos contradice. Somos en el mundo todavía el sexo débil.

2.
Esto me lo contó Margarita Salas, una profesora chicana que enseña en la Universidad de Columbia. Empezó a hablar de feminismo en un aula y notó que las jóvenes mujeres del grupo resoplaban. De pronto se le ocurrió y lo preguntó:
     —¿Quiénes son feministas en esta clase?
     Un muchacho y una muchacha levantaron tímidamente las manos.
     Margarita de pronto se sintió pasada de moda usando palabras gastadas. Se dio cuenta de que a sus alumnas les irritaba el tema. Pensó: claro, ¿a quién le gusta que le recuerden que pertenece a un grupo discriminado, sobre todo cuando está preparándose para el triunfo? Dijo entonces:
     —Esto va dirigido a las mujeres. ¿Quiénes de ustedes no quieren ganar menos dinero por el mismo trabajo que los varones?
     Se alzaron todas las manos femeninas con cierto desgano.
     —¿Quién no quiere que su género sexual le impida accesos al poder político?
     Todas las manos, con aire rutinario.
     —¿Quién no quiere ser discriminada en ningún sentido por su género sexual?
     Todas las manos.
     —¿Quién quiere no ser violada o amputada u obligada a la prostitución?
     Todas las manos, por supuesto
     Entonces, dijo Margarita, les tengo una noticia: son ustedes feministas.
     Esta anécdota sólo para decir que no es tan malo saber solamente lo que uno no quiere que signifique ser mujer. Acaso es absolutamente suficiente. Tal vez el feminismo debe sólo servir para eso, para quitar los efectos negativos de ser mujer. No para crear personajes nuevos. Eso ya lo harán las mujeres por sí mismas, libradas del sexismo.
     Liberado de estorbos el escenario, las mujeres darán vida sin duda a personajes muy diversos y todavía insospechados. Porque finalmente la meta son esos nuevos personajes, que además sucede que son mujeres. Personajes para los que ser mujer no es la determinación más determinante.
     Expresado de nuevo en breve: creo yo que las mujeres de la generación joven tienen razón al no querer ser mujeres liberadas, sino seres humanos libres. Creo que un feminismo que insista en esta meta y no en ser una identidad es ahora más atractivo y acaso más eficiente.

3.
Ahora toca al feminismo, en su tercera ola, dejar de pensar tanto y hacer más para librar al escenario de lo que estorba a las mujeres para ser seres humanos libres. Librar al escenario de los estorbos con más energía y organización política y menos teorización. Con menos sofisticación ideológica y menos congresos de discusión de lo femenino y más acciones directamente políticas, que lleven a cambios sociales cifrados en leyes.
     Hay que repetirlo: el problema es el escenario ahora. Y cuando nos dedicamos al cambio de nuestros personajes individuales o al zurcido más fino de la ideología pro mujer, en lugar de dirigir nuestra energía al escenario común —lo social—, nos torturamos en vano y postergamos la acción efectiva. Ahí afuera está el estorbo, en lo social, y es en la esfera........

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