Paseos académicos IV. Mengs y los listos de libro
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La gran exposición que el Museo del Prado le está dedicando a Antonio Rafael Mengs es una buena excusa para acercarse a ver una de las piezas más curiosas que se exhiben en el museo de la Academia de San Fernando. Está en la segunda planta, que es la más académica de la Academia, en el mejor y peor sentido de la palabra: a las estimulantes copias de obras clásicas en pequeño formato realizadas por los alumnos del siglo XVIII hay que sumar cuadros de historia cadavéricos que parecen pintados con plantilla. También es una planta algo caótica, en la que, a diferencia de la primera, dedicada al disfrute de obras de mucha calidad y un puñado de obras maestras, se ha querido combinar la contemplación gozosa con el aprendizaje. El problema es que el material didáctico no acompaña, y uno no acaba de entender qué quieren contarnos las maquetas y planos de edificios intercaladas entre los cuadros y las esculturas.
La excepción es una amplia sala repleta de figuras blanquísimas que destacan hermosamente contra el azul de las paredes. Todas ellas son copias en yeso de esculturas romanas que Carlos III hizo traer desde Herculano. Todas menos una. Lo que uno nunca esperaría encontrar compartiendo espacio con bustos de filósofos y personajes mitológicos es un vaciado en yeso de la Puerta del Paraíso de Lorenzo Ghiberti.
En 1771, Mengs, que entonces era pintor de cámara de Carlos III y gozaba de un gran prestigio en toda Europa, obtuvo permiso de la Cámara de Comercio de Florencia para extraer moldes de los diez bajorrelieves que adornaban una de las puertas del baptisterio de la ciudad, realizados en bronce dorado por Ghiberti entre 1425 y 1452. Aunque no guardan la forma de puerta doble del original (pocas salas de museo tienen la altura suficiente), las copias en yeso me hicieron acordarme de mis visitas al Museo dell’Opera del Duomo. Recuerdo los largos ratos que me quedé embobado delante de la obra original, mirando y remirando las diez escenas del Antiguo Testamento realizadas con una delicadeza emocionante. La copia encargada por Mengs es un triste consuelo, pero no más que cualquier reproducción digital de un cuadro o la foto de alguien al que hace mucho tiempo que no vemos.
Mengs fue la primera persona que obtuvo permiso para hacer una copia........
