menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El recuerdo vivo de Miguel León-Portilla

33 0
04.05.2026

El Colegio Nacional /UNAM / Universidad Iberoamericana / Academia Mexicana de la Lengua / Academia Mexicana de la Historia

Ciudad de México, 2026, VIII 334 pp.

Nombre de usuario o dirección de correo

En sus últimos años, el longevo y prolífico Miguel León-Portilla (1926-2019) fue teniendo dificultades para caminar y para ver, pero esto no afectó su impetuosa actividad intelectual y académica, pues con el apoyo de su esposa Ascensión Hernández Triviño, Chonita, y del Instituto de Investigaciones Históricas de la unam, a través de varios ayudantes, pudo seguir escribiendo libros, artículos, reseñas, prólogos, cartas, correos electrónicos, dictándolos, y dar por video e internet amenas, informadas e inteligentes conferencias. Dejó listos varios libros antes de fallecer: Erótica náhuatl, Teatro náhuatl, una edición del Popol Vuh (en la segunda traducción del quiché realizada en 1715 por el dominico fray Francisco Ximénez), entre otros. Pero cuando don Miguel sintió las amenazas de sus males pulmonares, emprendió el dictado de sus Memorias, que completó en borrador y, antes de entrar al hospital por una segunda neumonía, le pidió a su esposa Ascensión que las revisara y cuidara que no faltara nada ni nadie relevante. Don Miguel falleció en el hospital, y Ascensión, tras recuperarse de los meses de extenuante cuidado hospitalario, emprendió la tarea de publicación. Las Memorias, no obstante, tardaron más, su cuidado editorial requirió más trabajo, y es con alegría que las recibimos, siete años después de su fallecimiento, con el título evocador de Soy mi memoria, suerte de reformulación del cogito cartesiano, como: Recuerdo, luego existo, soy en la medida en que recuerdo y me recuerdo, y dejo de ser en la medida en la que dejo de recordar, pero soy y perduro cuando mis memorias son leídas.

Al dictarlas en sus últimos años, don Miguel no se libró a un esparcimiento sentimental, sino que pensó y dictó, consciente de su indudable interés, un libro con dieciocho capítulos, un comienzo y un fin, con su sonriente “Adiós al lector”, que es un “A Dios”, Dios identificado con el logos, palabra y pensamiento, en el Evangelio de San Juan, que don Miguel cita en griego, y exclama: “A ese logos invoco desde el fondo de mi alma. Con él quiero estar, con él quiero morir.” Así se despidió del lector, con una amabilidad........

© Letras Libres