In my Chinese era
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A finales de enero, el primer ministro canadiense Mark Carney dio un discurso que ha sido comparado (quizá exageradamente) con el famoso de Winston Churchill sobre el “telón de acero” en 1946. En él, dijo que “el mundo está en medio de una ruptura, no de una transición”. Hace una década nadie se habría atrevido a decir en un espacio como el Foro de Davos, sede simbólica del consenso liberal/neoliberal/multilateral, algo así: “Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa, que los más fuertes se escaqueaban cuando les convenía, que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor, dependiendo de la identidad del acusado o de la víctima.” Carney dijo que la hegemonía estadounidense era una “ficción útil”; hoy parece que ya no. Unos días antes, aprobó un acuerdo comercial con China que suponía un realineamiento importante de la política exterior canadiense. En su anuncio, dijo que hoy China resulta más predecible que Estados Unidos: “Aceptamos el mundo tal y como es, no como nos gustaría que fuera.”
En su discurso en Davos, Carney citó el ensayo “El poder de los sin poder” de Václav Havel, el disidente checo que se convirtió en el primer presidente tras la caída del comunismo: “El poder del sistema no proviene de su veracidad, sino de la voluntad de todos de actuar como si fuera cierto.” Es un ensayo que habla de que a veces el poder de un régimen autoritario es un espejismo: cuando todos veamos que el rey está desnudo, caerá. Aunque poética y potente, fue una referencia sorprendente: Estados Unidos es cada vez más autoritario, pero no es una dictadura como sí lo era la Checoslovaquia........
