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Nacionalismo y carnaval

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21.01.2026

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Las primeras elecciones catalanas sin Pujol parecían el momento adecuado para que salieran a la luz todas las anomalías de la política catalana. Pero hicieron mucho más que hacerse visibles: crearon una apoteosis. Confusión, semiverdades, completas mentiras, política y mitología: este es el relato fragmentario y urgente de la noche dorada del nacionalismo.
1. Resaca
Escribo este reportaje sin tener la menor idea de quién pueda llegar a ser el presidente de la Generalitat. Una vez más ustedes, los lectores, saben más que yo. Según me explicaron muchas veces hasta que dieron las cuatro de la mañana en la cima del Tibidabo, aquí habría tres o cuatro posibilidades. Una alianza de los socialistas con los Republicanos e Iniciativa por Cataluña, una de Convergencia con los Republicanos, otra alianza (que anunció el líder nacionalista Carod Rovira) entre los socialistas, los republicanos y los convergentes, más otra que sueñan los convergentes en la que estarían ellos y los socialistas. No pretendo aclarar esta extraña majama. Esta confusión es justamente el tema de este artículo. Por lo demás, resacoso y con mucho sueño acumulado, no soy capaz de ordenar en un todo coherente las imágenes desconectadas, las impresiones, anécdotas, notas rápidas y agitadas de una noche que los catalanes se esfuerzan en encontrar “histórica” y que cambiando un poco todo no cambiará nada.

2. El salón blanco
Vi las elecciones en un salón blanco de Bonanova. De los invitados, dos votaron por Maragall, dos por Carod, dos por el PP, dos éramos extranjeros y dos eran valencianos. En el televisor, TV3, y los analistas electorales de los partidos fingiendo una perfecta calma. En el salón blanco, risas y empujones. Zurita de pronto se queja: “En un país normal todos nosotros, que somos unos pringados millonarios, votaríamos por la derecha.”

3. Preguntas
Como no soy de aquí pregunto:
     ¿En 23 años de gobierno del mismo partido y del mismo líder no ha habido corrupción, clientelismo o siquiera errores?
     ¿Por qué a nadie le parece que el sistema de las reelecciones eternas es bueno para Trujillo o Stroessner, pero no para una democracia europea?
     ¿Por qué el que tiene la segunda mayoría puede ganar, y por qué la lista perdedora en diputados puede llegar a ser la que se lleva la presidencia?
     ¿Es verdad que en Cataluña no existen la derecha y la izquierda?
     Sé que muchas de esas preguntas son absurdas, pero más absurdo es que casi nadie las plantee, y que los pocos que lo hagan sean respondidos con los hombros agachados, con la resignación rumiante del que ya no espera nada. Sumisos, o cínicos, los no nacionalistas del salón blanco gozan (gozamos) tanto como los nacionalistas con la fiesta de Esquerra, con un nuevo capítulo de la construcción y demolición nacional.

4. El fair play catalán
“El fair play catalán”, es la única respuesta que recibo. Tú sabes, el fair play catalán. En Cataluña los políticos no roban ni mienten, ni engañan. Los diarios no los investigan, nadie los sigue ni interroga. En Cataluña a nadie le parece raro que el primer ministro se presente a las elecciones sin renunciar a su cargo. En la política catalana no hay desacuerdos de fondo (ni izquierda ni derecha, sólo la nación); Cataluña es la democracia perfecta.
     Durante toda la campaña catalana se me ha venido a la cabeza una y otra vez el cuento de Andersen “Las nuevas ropas del emperador”. La falta de un periodismo siquiera profesional ha impedido que nadie le diga al emperador Pujol que anda desnudo. De hecho, para evitarle el bochorno al monarca los........

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