Carta desde Santiago: Germán Carrasco tragado por la luz
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Germán Carrasco, poeta chileno, poeta incluso más que chileno, acaba de morir de una meningitis fulminante. Desde su primer libro, Brindis (1994), quedó en claro que era la mejor voz en verso de su generación, que es la mía. Por un tiempo fue la única, después llegaron otras todas poderosamente influidas por él. Es algo que no aguantó nunca del todo. Generoso con los debutantes, se sentía ofendido personalmente cuando ellos alcanzaban alguna cima. Mucho de su odio era gratuito, pero casi siempre acertaba en su calificativo. La cumbre era una de sus obsesiones, subía literalmente a todo tipo de cerro y montaña. Era un poeta totalmente urbano pero la naturaleza, la de los jardines, y la de los huecos en el pavimento, lo deslumbraba completamente. Escribía con el cuerpo, todo el cuerpo, aunque era también prodigiosamente bien preparado intelectualmente. Refinado hasta la exquisitez pero brutal también, con cierta afección lumpen que le atribuía al barrio en que creció, Independencia, un barrio antiguo y proletario que se parece algo a Buenos Aires, uno de los lugares donde lo leyeron, admiraron y odiaron, y donde tuvo su único hijo con la también poeta Cecilia Pavón.
Mitad en broma, mitad en serio, Alejandro Zambra –autor de Poeta chileno, un libro que tanto le debe a Carrasco y su generación– proponía que le dieran el Premio Nacional antes, mucho antes de jubilar y chochear como resulta costumbre en Chile. Se ve ahora qué acertada era la idea de Alejandro. El Premio Nacional lo merecía con creces desde sus primeros libros y hubiese sido un alivio necesario a su siempre maltrecha economía, uno de sus temas constantes de conversación conmigo. Le hubiese hecho la vida más fácil y quizás hubiese alejado la muerte. Una muerte que enluta a todos los que lo conocimos pero alegra a todos los que lo leímos, porque no existen los poetas muertos, salvo esos tontos de ese colegio de película.
No sé si sea necesario aclarar que yo también lo conocí peleando. O más bien después de recibir,........
