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Irán: lo que cambió

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24.06.2026

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Tuvieron que pasar casi cuatro meses desde los primeros bombardeos para lo que aparenta ser un respiro que no es una fiesta de paz, porque ni es fiesta ni es paz. Si era impensable el asesinato de Khamenei, también lo era, para algunos, el cierre del estrecho de Ormuz. Irán había amenazado hacerlo durante décadas; la herramienta teórica encontró en su aplicación más peso que cualquier otra estrategia disuasoria.

Aún es pronto para recapitular por completo los hechos frente a nuestros ojos. Avanzan los 60 días posteriores a la firma del memorándum de entendimiento que abrió un paréntesis, no solo en el conflicto: la reapertura del estrecho permitió algo de distensión a los mercados que coqueteaban con una crisis mayor. Cambió, al menos temporalmente, el lenguaje establecido desde 1979 entre Teherán y Washington, y  el paradigma de la relación política y de la comunicación entre Washington y Tel Aviv –al menos, entre estos Washington y Tel Aviv.

Con un instrumento que no significa un acuerdo de largo plazo –tampoco uno nuclear y mucho menos una vuelta a la realidad previa al 28 de febrero, cuando inició este capítulo iraní–, tenemos un experimento no intencional sobre la conformación política de la región, y sabemos que sus condiciones rara vez se quedan ahí.

Tras la firma a distancia del memorándum, no pocos lo describieron como una absoluta claudicación por parte de Estados Unidos o un regreso al statu quo ante. Hay más que eso. Entiendo las afirmaciones porque hay con que llegar a esa primera conclusión, pero evitan observar complicaciones a futuro mucho más amplias. No toman en cuenta códigos políticos locales de Irán ni de la zona, o parecen quedarse en el instante presente y no ver los posibles desenlaces de una mala solución, que quizá era la única; en los últimos días me he inclinado a pensar que es el caso. De serlo, mi preocupación central está en las puertas que se abren. En el cambio de mentalidad política que se ha impuesto y encuentra en el escenario iraní un espacio de ejecución. Sin que me guste –no lo hace–, no me atrevo asegurar si es para bien o para mal.

Es cierto que Estados Unidos gana, sobre todo, un cese al fuego, otro, que le quitó tensión a las presiones financieras; que no se consiguieron uno solo........

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