¿Estamos ante el fin de una época?
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Vamos construyendo una extraña relación con el futuro en cada diagnóstico que anuncia un cambio en el mundo que conocimos hasta ahora, en lo que llamamos el orden global, o el final de los modelos políticos o internacionales que han permanecido por décadas. Cierta tendencia a pensar en un fin de los tiempos se está cruzando con el temor natural a la incertidumbre. Si no sabemos con certeza dónde estamos y bajo qué acuerdos lo hacemos, nombramos un escenario que proporciona, en las advertencias de los rumbos, cierta seguridad ante la inseguridad.
Las crisis democráticas y los deterioros sociales actuales se han gestado durante años, no son nuevos y encuentran, al menos en parte de Occidente, un peligroso momento cumbre con la segunda presidencia de Donald Trump en Estados Unidos, con sus acciones y retóricas antiinmigrante, con su negativa, aceptada por su sociedad, a rendir cuentas. Con el paso siguiente de la posverdad, que ya ni siquiera se menciona, para referirse a los “modos alternos de interpretación de la realidad”. O más comentado, con el abierto rompimiento con las bases de convivencia al interior del país que gobierna y hacia aquellas naciones que tradicionalmente le acompañaban.
Para una mirada que vea por encima de Washington, el pensamiento alrededor de un quiebre en el proyecto civilizatorio contemporáneo pasa por recordar que, antes de este instante político, el discurso nativista y enaltecimiento identitario ya tenían suficiente arraigo en Europa como en América Latina. Para abonar a esa idea de mala condición política, asunto real pero que ha hecho al lamento una especie de deporte estéril: nuestra edad de la indiferencia e incapacidad de contener lo trágico cumple, en........
