Huck Finn y el extraño caso de la akrasia inversa
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La debilidad de la voluntad o incontinencia, que los griegos llamaron ‘akrasia’, es cosa de la que todos tenemos alguna experiencia de primera mano. Pensemos en el fumador que ha adoptado la resolución de dejar de fumar, pero coge el primer cigarrillo que le ofrecen. O en el estudiante que sabe que debería quedarse en casa preparando el examen, a pesar de lo cual sale de fiesta con los amigos, arruinando sus posibilidades de aprobar. Los ejemplos podrían multiplicarse con el juego, el alcohol, los encuentros sexuales, las dietas, perder peso, aplazar tareas, hacer ejercicio, malgastar el tiempo en redes sociales y un largo etcétera. En tales casos el agente actúa en contra de su mejor juicio: todas las cosas consideradas, tiene más razones para hacer A que para hacer B; sin embargo, hace B en lugar de A. En los versos de Ovidio encontramos la primera descripción del fenómeno: video meliora proboque, deteriora sequor (veo lo mejor y lo apruebo, pero hago lo peor).
No puede extrañarnos, en consecuencia, que se vea la akrasia como el caso paradigmático de irracionalidad práctica, puesto que el agente actúa de forma distinta a lo que él mismo (¡no otro!) considera la opción más aconsejable. El incontinente merece reproche porque no actúa como sería razonable, siendo incapaz de poner en práctica su resolución o de obrar de acuerdo con su propio juicio de lo que es mejor. A lo cual se añade que la concepción tradicional de la debilidad de la voluntad está cargada de connotaciones morales: es la visión del “caer en la tentación”, donde los placeres y deseos inmediatos arrastran al agente en contra de la razón, la prudencia o el sentido del deber. Desde luego, no todos los casos de akrasia encajan en este molde popular, pero su persistencia refuerza sin duda la imagen censurable de la incontinencia como un defecto del agente, más o menos grave según los casos.
Fue Aristóteles quien primero planteó la cuestión que aquí nos interesa: ¿es la akrasia siempre mala? La pregunta puede sorprender, dada la visión arraigada del fenómeno. Supone plantearse si podemos imaginar alguna situación en que la acción akrática sea, todas las cosas consideradas, mejor. ¿No sería esto contradictorio si entendemos que la acción akrática se desvía de lo que el agente juzga mejor? La clave, como señala Aristóteles, es que el juicio del agente puede estar equivocado y que el acto que considera bueno o mejor no lo sea realmente. Según observa en la Ética a Nicómaco:
“[…] si la incontinencia es la causante de que el hombre abandone toda opinión, habrá una incontinencia buena, como la de Neoptólemo en el Filoctetes de Sófocles, que merece alabanzas por no seguir los consejos de Ulises, porque le apremiaba a mentir” (1146a 18-22).
El argumento es sencillo: si la opinión es errónea, será mejor no atenerse a ella en nuestros actos; puede que de esa forma terminemos haciendo lo que es realmente bueno (o mejor). Como tantas veces, Aristóteles lo ilustra con un ejemplo sacado de la tragedia.
En la obra de Sófocles, Filoctetes es un héroe griego, famoso por poseer el arco y las flechas de Heracles, a quien el ejército aqueo abandona en la isla de Lemnos a causa del hedor insoportable de su herida, tras ser mordido por una serpiente. Allí habría quedado abandonado a su suerte si un oráculo no hubiera anunciado a los........
