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“La gente ha dejado de tener fe en el sueño americano”. Entrevista a Sheri Berman

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01.07.2026

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La politóloga estadounidense Sheri Berman ha dedicado su carrera a estudiar cómo se construyen las democracias, cómo decaen y cómo, en ocasiones, colapsan. Es profesora de ciencia política en el Barnard College de la Universidad de Columbia y se ha especializado en la comprensión de la historia y la política europeas, el populismo y el fascismo. Además, se ha consolidado como una de las plumas más interesantes en su rubro desde la trinchera académica y de la divulgación, como lo muestra su libro Democracy and dictatorship in Europe. From the Ancien Régime to the present day (Oxford University Press, 2019). En esta entrevista, Berman ofrece un panorama de la actualidad política estadounidense y explica los posibles caminos que puede tomar la democracia tras el autoritarismo de Donald Trump.

Ahora que Estados Unidos llega a su 250 aniversario, es imposible no pensar en la generación fundadora. A los fundadores les preocupaban profundamente las facciones, la corrupción, la ambición ejecutiva y el peligro de una república presa de los caprichos de un hombre. Cuando miras el país en la actualidad, ¿ves una democracia puesta a prueba, una democracia en decadencia o un sistema constitucional cuyas defensas están siendo derrotadas por los mismos peligros que pretendía contener cuando fue diseñado?

Estados Unidos definitivamente es una democracia bajo presión, cualquiera que haya estado poniendo atención a las noticias lo sabe. Actualmente se debate mucho la cuestión de un diseño de sistema constitucional que no estuvo a la altura del desafío y, desde mi punto de vista, no es tanto que haya fallas en el sistema constitucional. Como mencionas en tu pregunta, a los padres fundadores les preocupaba mucho la corrupción, la división, o que el poder de un solo individuo pasara por encima de la voluntad del pueblo, por lo que diseñaron explícitamente un sistema lleno de controles y contrapesos para lidiar con esos problemas. Por eso, para mí no está claro que podamos culpar al diseño del sistema constitucional por los problemas de la decadencia democrática que enfrentamos hoy en los Estados Unidos.

Ciertamente pueden denunciarse muchos problemas con el sistema constitucional estadounidense. Cosas como el Colegio Electoral son completamente anacrónicas; nuestro Senado, en muchos sentidos, es un organismo relativamente poco democrático, pero eso no me parece el origen del problema. Si pienso hipotéticamente en qué tipo de instituciones o de Constitución pudo haber evitado lo que está sucediendo en la actualidad, no estoy segura de que se me podría ocurrir algo perfecto. Creo que los problemas en Estados Unidos no radican principalmente en nuestra Constitución o en nuestras instituciones, sino en la estructura política y en la sociedad. Eso no quiere decir que las constituciones e instituciones no sean importantes –podríamos decir más al respecto–, pero creo que, si buscamos una solución institucional a nuestros problemas, en realidad no estamos haciendo un buen trabajo para pensar dónde radican los verdaderos orígenes de la decadencia.

¿Dónde identificas esos orígenes de la decadencia? Cuando pienso en el país al que emigré en 2011, no es que en ese momento no hubiera señales, desde luego que las había desde tiempo atrás, pero entonces para mí era inimaginable, y lo sigue siendo, llegar a donde nos encontramos hoy. ¿Dónde estaban las señales de esta dramática y peligrosa decadencia?

Déjame intentar retroceder en la cadena causal, por llamarla de algún modo, usando un término especializado. Si la gente ha perdido la fe en las instituciones, ya no se preocupa por ellas, ya no prioriza su inviolabilidad, es muy fácil para los políticos socavarlas o abusar de ellas, y creo que eso es justamente lo que estamos viendo en los Estados Unidos de hoy. Al presidente actual le tiene sin cuidado esconder el uso del gobierno como un arma con fines partidistas. Constantemente dice que va a ignorar –e ignora– normas que han sido parte de la tradición política estadounidense por décadas, y parece que a muchos votantes no les importa o no se dan cuenta. Eso para mí no es señal de que esas instituciones o normas sean defectuosas, sino de que la gente ha dejado de priorizarlas o de creer en ellas. Y las instituciones que la gente no apoya o que carecen de legitimidad no van a ser muy resilientes con el paso del tiempo, sin importar qué tan bien diseñadas estén.

Ese es solo un paso atrás en la cadena causal: preguntarnos por qué los políticos que desean hacerlo pueden abusar de esas instituciones o socavarlas. Luego tenemos que dar otro paso más atrás aún y preguntarnos por qué la gente perdió fe en las instituciones políticas estadounidenses; por qué no le preocupa que los políticos y partidos básicamente digan: el sistema está jodido, voy a hacer lo que yo quiera y al diablo las normas y tradiciones políticas. Creo que eso tiene mucho que ver con tendencias sociales y económicas que vienen de más atrás en los Estados Unidos, cosas de las que se ha hablado mucho y que probablemente experimentaste cuando llegaste aquí, como el aumento de la desigualdad.

Y no me refiero únicamente a la desigualdad financiera y de ingresos; me refiero también a la creciente desigualdad entre áreas del país a las que les va relativamente bien, que prosperan, y otras que, en cierto sentido, han sido abandonadas, cuyas comunidades e instituciones locales están decayendo, donde la gente siente que las oportunidades de un futuro mejor para ella y para sus familias ya no existen; a una sociedad estadounidense que está cada vez más separada y aislada, donde no tenemos los tipos de clivajes transversales que los padres fundadores y los teóricos democráticos consideraban necesarios desde Tocqueville a Durkheim y otros. Es decir, lugares donde la gente –no solo de diferentes razas, orígenes étnicos y religiones, sino de diferentes preferencias políticas– pudiera juntarse para darse cuenta de algo fundamental: podemos diferir en modos importantes pero todos somos ciudadanos estadounidenses, compartimos el deseo de que este país prospere y progrese. Simplemente hemos perdido muchos de esos espacios donde podemos juntarnos con nuestros conciudadanos y aprender a tener cierta consideración mutua los unos por los otros.

Mucho se ha hablado también, y esto no es algo exclusivo de los Estados Unidos, del modo en que los medios de comunicación han acelerado esta clase de tendencias degenerativas. La decadencia de los medios de comunicación locales en Estados Unidos es algo que se ha discutido mucho; eso significa que ahora la gente está mucho más enfocada en los conflictos a nivel nacional que en las cosas que suceden en sus comunidades locales, que la gente cada vez más recibe........

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