Dos poemas
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La tarde se ha perdido por las calles de arena quemadas por la luz. Giran las ruedas en el polvo. Se han perdido las voces y están los ciegos junto a las palmeras buscando las palabras, la melodía de las ocarinas junto a los tendales, las grandes ruedas del afilador que giran en el centro del día. Las calles que recorren incesantemente como sombras en las llamas y viven en la nada como quien vuelve a un pueblo sin ventanas, sólo voces lejanas en las casas sin puertas. Y oímos las aldabas y el anillo que rueda por la arena. –
Perlas en los pechos de Lucía desnuda ante el espejo. Ruedan las perlas por el mármol. Se agacha a recogerlas. Nalgas. Esfínter. Rizos negros. El aire abre la puerta y yo la cierro. –
