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La cultura no conversa sola

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21.08.2026

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Ediciones Era anunció el cierre de sus actividades después de 66 años. La noticia provocó una sensación inmediata de pérdida. Buena parte de la literatura y del pensamiento crítico mexicano de la segunda mitad del siglo XX pasó por sus páginas: en su catálogo están José Emilio Pacheco, José Revueltas, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Inés Arredondo y Gabriel García Márquez, entre muchos otros.

Enlistar esos nombres puede ocultar el mayor mérito de Era. Muchos no eran todavía figuras consagradas cuando la editorial decidió publicarlos. Era los leyó antes de que lo fueran, reconociendo aquello que podían aportar, y trabajó para ponerlo frente a sus lectores.

La editorial nació en 1960 por iniciativa de los hermanos Espresate, Vicente Rojo y José Azorín. Neus Espresate quedó al frente. Ninguno llegaba a los treinta años. Comenzaron con una posibilidad modesta: aprovechar los tiempos muertos de las máquinas de la Imprenta Madero. Convirtieron aquellas horas disponibles en una institución.

El trabajo editorial no termina con la selección de un manuscrito. Era acompañaba a sus autores, organizaba colecciones y cuidaba cada edición. Vicente Rojo convirtió el diseño en parte de la lectura. Más allá de darle identidad al sello, sus portadas preparaban el encuentro entre una obra y su público.

Gabriel Zaid ayuda a comprender la importancia de ese oficio. En un texto sobre Joaquín Díez-Canedo, publicado por Letras Libres apenas dos semanas antes del anuncio del cierre de la editorial, escribió: “Editar es poner un libro en medio de una conversación.” Para lograrlo, explica Zaid, el editor descubre la aportación de un autor, lo ayuda a darle forma y la........

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