El problema no son los libros, es el aprendizaje
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La salida de Marx Arriaga de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el forcejeo alrededor de los libros de texto se ha leído como un pleito administrativo o como una disputa ideológica. Pero la pregunta relevante no es si un funcionario se va o se queda. La pregunta es: ¿qué criterio organiza hoy la escuela pública mexicana?
Durante años, el eje del sistema fue el aprendizaje medible. Con todos sus defectos, la discusión giraba alrededor de resultados: lectura, matemáticas, permanencia escolar, profesionalización docente. Había planes publicados, evaluación institucional, concursos abiertos para ingreso y promoción. La prueba PISA era incómoda, pero era referencia. No era un sistema justo ni perfecto, pero tenía un norte reconocible: el aprendizaje importaba.
Hoy el criterio se ha desplazado. Desaparecieron los organismos de evaluación. La formación docente se redujo a cifras simbólicas: el presupuesto destinado a ese rubro, dividido entre el magisterio nacional, representa apenas decenas de pesos por maestro. Los libros precedieron a los programas. El debate dejó de centrarse en cuánto y cómo aprenden los niños y comenzó a girar alrededor de quién escribe la historia y qué relato debe transmitirse.
De acuerdo con Aurelio Nuño, ex secretario de Educación (2015-2017), hoy hay alrededor de 1.5 millones de alumnos menos que en 2018; la cobertura cayó en todos los niveles; en PISA 2022 México retrocedió 14 puntos en matemáticas; menos del 1% de los estudiantes alcanza niveles avanzados en lectura y apenas 2% en matemáticas. No son sus opiniones, son indicadores públicos.
Pero el problema no comienza con el dato. Comienza cuando........
